Resumen
Al escuchar la frase “responsabilidad afectiva”, es común que pensemos en una persona en particular. En una época en la que las relaciones interpersonales ocupan un lugar central en la conversación pública, solemos explicar el comportamiento afectivo desde los valores, la personalidad, la ética o la educación emocional. Sin embargo, en este escrito nos gustaría abordar una pregunta distinta: ¿existe también un componente biológico detrás de nuestra capacidad para empatizar, regular nuestras emociones y construir
vínculos saludables?
