Resumen
Durante nuestra formación médica, gran parte de lo que estudiamos se centra en patologías con escenarios clínicos relativamente predecibles. Sin embargo, existen las enfermedades infecciosas emergentes, causadas por patógenos nuevos o cuya incidencia se encuentra en aumento, y las reemergentes, aquellas que reaparecen tras haber disminuido; ambas nos obligan a mirar hacia la incertidumbre, ya que representan un desafío crítico para la salud pública global debido a su rápida propagación y a la frecuente ausencia de tratamientos o vacunas eficaces durante las etapas iniciales (1).
