Resumen
Nunca en mi vida había sentido tanta ansiedad como en mis primeros años de medicina. No sé ustedes, que están leyendo esto, pero les confieso que para mí fueron días agotadores, en los que llegaba a casa, me encerraba en mi cuarto, me sentaba en el piso y lloraba, preguntándome si había tomado la decisión correcta. Tenía apenas 18 años, en una ciudad desconocida, sola, haciéndome cargo de mí misma, cuando mi vida entera la había pasado en un entorno lleno de amor y comodidades. Y de pronto, ahí estaba yo, sobre un piso frío, rodeada de un silencio abrumador, con un sinfín de temas por estudiar, descuidando mi alimentación y mis horas de sueño. No fue nada fácil.
