Abstract
La pandemia del COVID-19 marcó un antes y un después en la salud pública. Todos recordamos la normalidad antes de la pandemia, cuando podíamos permitirnos pasar por alto todas las deficiencias que ya existían en el sistema de salud, hasta que la pandemia las hizo imposibles de ignorar y nos estalló en la cara: había deficiencias en los recursos materiales, monetarios y humanos; toda el área de salud se vio afectada, lo que se reflejó en la pobre capacidad del sistema para la prevención y emisión de las alertas epidemiológicas (1).
