Abstract
En medicina estamos acostumbrados a asumir que quien más sabe sobre un tema es quien mejor puede enseñarlo. La mayoría de las veces, las personas que nos explican algo o quienes más saben son profesores de nuestras universidades, especialistas de los hospitales en los que rotamos o profesionales con muchos años de experiencia. Sin embargo, creo que todos podemos recordar un momento en el que entendimos un tema gracias a alguien que estaba sentado a nuestro lado durante alguna clase. Algún compañero que encontró una forma diferente de explicarlo, que usó otras palabras o que simplemente entendía exactamente qué era lo que nos
estaba costando tanto trabajo comprender.
