Abstract
Contrariando el aparentemente irrefutable conocimiento que ha llegado a definir los límites de la práctica médica, es necesario
hacer ver que los principios que rigen a la medicina son humanos y, por ende, incluye a manifestaciones del espíritu humano
como son el arte, la literatura y la historia. La búsqueda continua de estos saberes no es una trivialidad; es un catalizador
neurocognitivo y, seguramente, una de las mayores defensas en contra del desgaste emocional que es tan común entre los
médicos.
