Abstract
Las enfermedades infecciosas representan uno de los mayores desafíos para la salud pública global en el siglo XXI. A pesar de los grandes avances registrados en el ámbito médico y tecnológico en estas últimas décadas, la humanidad se enfrenta constantemente a la aparición de nuevos patógenos y amenazas que se creían controladas. Estos se dividen principalmente en dos categorías: las enfermedades emergentes y las reemergentes (1). El primer grupo, según M. Ramon-Torrell, son aquellas que han aparecido recientemente en una población o cuya incidencia o área de distribución están aumentando rápidamente (2), mientras que las segundas son aquellas que resurgen tras una disminución significativa previa de su incidencia o que habían sido dadas por erradicadas.
