Abstract
La salud pública actual se enfrenta a un gran desafío: las enfermedades emergentes y reemergentes, muchas de las cuales tienen un origen zoonótico. De los 1,400 patógenos conocidos que afectan a los humanos, más de la mitad provienen de especies animales; una tendencia que se ha acelerado desde 1940 a la par de los cambios en las prácticas agrícolas y la rápida urbanización (1). Esto nos ayuda a reconocer la estrecha relación entre nuestra salud y el estado de los ecosistemas; una interdependencia que, hoy en día, se ve afectada por el cambio climático.
