Abstract
Los sesgos cognitivos son tendencias sistemáticas y universales en el juicio y en la toma de decisiones; son atajos que operan de manera silenciosa en nuestra mente, moldeando la forma en que percibimos, procesamos y respondemos a las amenazas (1). Nuestro cerebro evolucionó para resolver problemas inmediatos en entornos ancestrales, por lo que se enfrenta a un desafío fundamental cuando debe procesar riesgos complejos y diferidos como las pandemias (1). Moldeado por sesgos como el descuento hiperbólico del tiempo, que nos hace preferir recompensas inmediatas sobre beneficios futuros, y el sesgo de normalidad, que nos lleva a subestimar la probabilidad y la gravedad de los desastres, nuestro sistema cognitivo explica por qué, a pesar de saber que, históricamente, los patógenos emergen de la interfaz humano-animal, repetimos sistemáticamente los mismos patrones destructivos que facilitan su salto a nuestra especie (1).
