Abstract
Cajas llenas de sándwiches, agua, bebidas y algunas palomitas ocupaban el espacio de nuestros vehículos. Éramos cuatro
estudiantes rumbo a una gasolinera ubicada en la salida noreste de Hermosillo, pero ninguno sabía con certeza qué encontraríamos al llegar. Entre el calor, los nervios y la incertidumbre, nos acompañaba una intención sencilla: compartir lo que habíamos reunido con
personas en situación de vulnerabilidad. Ese viernes 13 de marzo de 2026 todavía no sabíamos que regresaríamos con las cajas
vacías y con una manera distinta de comprender la ayuda.
