Abstract
Durante mi verano clínico recibí con frecuencia comentarios como: “¿Qué haces aquí? Mejor ve a dormir?”, “¿De verdad te gusta tanto la medicina?” o “Yo no lo haría”, cada vez que mencionaba estar haciendo un intercambio voluntario. En lugar de tomar esto de forma personal, me cuestionaba: “¿Acaso ellos no sienten la misma satisfacción que yo por estar aquí?”. Hubo momentos en los que no dejaba de preguntarme si yo algún día estaría en su lugar, deseando irme a casa e incentivando a otros a hacer lo mismo.
