Abstract
Despertar, ir a clases, estudiar y dormir integraban mi rutina desde que tengo memoria, no era nada fuera de lo común ni espectacular. El único objetivo que tenía era terminar la carrera y así vivir de ser médico; o al menos, esas eran las mentiras que decía para intentar convencerme porque la realidad es que siempre existen dudas y más cuando se trata de una carrera tan demandante como medicina. ¿Realmente vale la pena? Una pregunta muy complicada que siempre preferí ignorar; sin embargo, en cada decisión y en cada día, esa inseguridad siempre me acechaba. No obstante, solo hizo falta un mes de vacaciones y un golpe de realidad para cambiar toda está perspectiva.
