Abstract
Entre salones, hospitales y exámenes, aprendemos a ver el cuerpo como anatomía precisa. Sin embargo, pronto descubrimos que no todo se resuelve con medicamentos o técnica: el paciente necesita consuelo, esperanza y fortaleza interior, su espiritualidad se convierte en un factor que impulsa la plenitud y la sanación más allá de lo físico.
